Cuando un científico o un técnico habla o escribe sobre su área de conocimiento no usa una lengua distinta de la que emplea cuando habla de asuntos cotidianos. La diferencia está en que, al expresarse en el modo propio de su ciencia o su técnica, utiliza, entre otras cosas, términos específicos de la materia de la que habla y, también, con frecuencia, términos de la lengua ordinaria con un sentido especial cuyos significados vienen exigidos por la materia tratada.
El lenguaje científico es más difícil expresarlo por escrito que en forma verbal. Una cosa es concebir con claridad un pensamiento y otra es expresarlo con idéntica precisión. En el primer caso las ideas acuden a la vez a la mente, la expresamos y se esfuman, en el segundo caso se deben exponer sucesivamente con exactitud, coherencia, claridad y además de la forma más precisa posible y no existen métodos específicos que con sólo aplicarlos resuelvan nuestras dudas, y pasado un tiempo se puede negar lo hablado (si no fue grabado) pero no lo escrito. Se ha dicho que al no poderse enseñar un buen estilo, el diccionario constituye el instrumento de la buena escritura.
Una misma lengua no se emplea siempre igual. Hay circunstancias que hacen que aparezcan rasgos especiales, siendo la misma lengua. Cuando esas peculiaridades están motivadas por el tema del que se trata, hablamos de lenguajes especiales (lenguaje humanístico, lenguaje técnico, etcétera). Cada área del saber exige expresiones y rasgos de estilo propios. Una de las áreas de saber que exige utilizar el lenguaje con particularidades especiales es la ciencia, en general, si bien cada rama científica tiene sus particularidades (Biología, Medicina, Tecnología, Matemáticas, Lingüística, etcétera). A pesar de esas diferencias particulares, hay unas características generales de uso del lenguaje en textos científico-técnico.
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